La migración humana es un fenómeno mundial totalmente ignorado por la mayoría de la gente, aun cuando ha ocurrido a lo largo de la historia y que seguirá ocurriendo. Esta tendencia humana al movimiento va dando al crisol humano mundial una especie de uniformidad apenas perceptible, cada vez somos más viajando y viviendo en un país diferente del que nacimos, adquiriendo nuevas costumbres y aprendiendo nuevos idiomas, fusionando ambos con nuestras raíces y creando caldos de culturas y hablas nuevas, bastardos de dos lenguas, gastronomía de tres bocas, música de cuatro raíces. Globalización pues. En este blog no hablaremos de la psicología del fenómeno migratorio, ni de la historia de la migración (que comenzó con la revolución neolítica) ni de la cultura del migrante, ni de nada especializado; este es, pues, un ejercicio personal por mostrar un poco la visión de un repatriado, un: Lo que vemos cuando regresamos (si es que lo hacemos) un pequeño recordatorio a los que se fueron y no regresaron, de las cosas que nos encantan de nuestra tierra, de las cosas que ahora no nos gustan y de lo sui generis que puede resultar lo otrora familiar. La visión de un ciudadano del tercer mundo que regresa de aquel al que llaman primer mundo.
Por que al principio es todo excitación y alegría, ves todo chiquito y extraño, todo huele rico, todo tiene colores intensos, todo es pura vida. Por que al principio, miras ambos lados y el semáforo para cruzar la calle, esperas a que te cedan el paso en el carro; después, comienzas a tirar basura en la calle y a dejar de usar el cinturón de seguridad cuando viajas en auto y hasta le levantas la voz al policía de tránsito…